0 comentarios / Publicado en por Revolution Vapor

Los cigarrillos electrónicos tienen el potencial de ser un producto totalmente revolucionario y un agente disruptor en el mercado de tabaco convencional. Es quizás uno de los productos que tiene el potencial de reducir el consumo de cigarrillos de tabaco combustibles y ya, hoy por hoy, existen varios estudios que demuestran que son, en lo mínimo, igualmente de eficientes que productos médicos, como parches y chicles, que han tenido una aceptación en el mercado mucho más limitada (y, desde el punto de vista de reducción de consumo de tabaco, una eficiencia aún más limitada). las restricciones que buscan limitar a los cigarrillos electrónicos (o a los vaporizadores personales) y obligarlos a funcionar bajo el mismo modelo de regulación que los cigarros tradicionales sigue más política e ideología que ciencia.

Los cigarrillos Electrónicos No Producen Humo

Por ende, no deberían estar sometidos a las mismas restricciones que los cigarrillos tradicionales de tabaco. Las regulaciones "anti-tabaco" o "anti-fumado", como popularmente son conocidas, fueron creadas para proteger a terceros, a personas no fumadoras, del efecto del humo de segunda mano. Sin embargo, por el hecho de que los cigarrillos electrónicos no hacen combustión, no producen humo. En cambio, todo cigarrillo electrónico, sin importar su diseño fisico, levemente calienta (a entre 50 a 60 centígrados) un líquido para crear un vapor. Inclusive, el líquido, y el vapor producido, puede no contener nicotina. Varios estudios han examinado la composición del vapor emitido por cigarrillos electrónicos, y ninguno de los estudios recientes han encontrado una razón para creer que este vapor puede poner terceros, a no-usuarios, en una situación de riesgo.

El vapor, que no contiene productos secundarios de combustión por la naturaleza del cigarrillo electrónico ni cantidades dañinas de compuestos químicos, se disipa casi inmediatamente, y típicamente no queda un olor característico en el ambiente por un tiempo extendido. En muchos casos donde si se puede detectar un olor es inconfundible con el olor del humo de un cigarrillo de tabaco encendido, y al contrario de la reacción de la mayoría de personas hacia el olor característico del tabaco quemado, muchos describen el olor que deja el vapor del cigarrillo electrónico como placentero y agradable.

El Dr. Igor Burstyn, professor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Drexel, recientemente publicó un informe técnico que incluye más de 9,000 observaciones sobre la composición química del vapor y el líquido de recarga de cigarrillos electrónicos. Este informe técnico se hizo con la meta de determinar el riesgo potencial de los cigarrillos electrónicos en, tanto los usuarios de los dispositivos, como el riesgo de exposición a terceros. El informe concluyó que los usuarios de cigarrillos electrónicos están expuestos a niveles muy por debajo de la cantidad y toxicidad de los compuestos químicos presentes en el humo de cigarros de tabaco. Quizás más importante aún, el nivel de cantidad y toxicidad de las emisiones de cigarrillos electrónicos era tan ínfimo que no presentan un riesgo medible a terceros.

Las Regulaciones Tienen Consecuencias No Previstas

La prohibición del uso de cigarrillos electrónicos en lugares públicos puede, en vez de apalancar el potencial de ayudar a personas dejar de consumir tabaco combustible, más bien limitar esta transición y mantener más personas fumando cigarros de tabaco. En este sentido, los cigarrillos electrónicos tienen el potencial de apoyar aún más la "denormalización" del fumado.

Los cigarrillos electrónicos no "renormalizan" el fumado. Más bien, hacen todo lo contrario. Los cigarrillos electrónicos mandan un mensaje fuerte y claro, y más aún en las comunidades de fumadores, que fumar no es aceptable o normal para la sociedad. Normaliza una alternativa que es magnitudes menos riesgosa que fumar tabaco convencional y que no expone a terceros a un riesgo medible.

En el corazón del movimiento de cigarrillos electrónicos existe el concepto de la reducción de daño. Los cigarrillos electrónicos dan la opción a fumadores que no hubieran dejado de fumar por otros métodos a reemplazar su hábito con uno menos dañino, evidenciado por varios estudios científicos. Esta estrategia, de reducción de daño, está siendo aceptada a nivel mundial como una opción válida para combatir los problemas de salud asociados con el fumado.

Como notó el Colegio Real de Médicos del Reino Unido, un gran porcentaje de fumadores quizás nunca podrán dejar la nicotina por completo. Para éstas personas que sienten o no quieren dejar el uso de nicotina, alternativas libres de humo pueden ayudar a minimizar los riesgos de salud asociados con el humo de tabaco, ya que muchos de estos productos presentan órdenes de magnitud menos riesgosos. Algunos médicos y científicos estiman que las alternativas libres de humo presentan el 1% del riesgo comparado a cigarrillos de tabaco.

Regular a los cigarrillos electrónicos como productos de tabaco, en cambio, manda un mensaje de que son igualmente riesgosos que fumar tabaco convencional, una posición que no está apoyada en la ciencia. No hay evidencia de que los cigarrillos electrónicos funcionen como un puente al fumado, más bien, todo al contrario, fumadores lo están utilizando para alejarse del tabaco combustible y los riesgos de salud que conlleva su uso prolongado. No hay evidencia de que presente el mismo nivel de riesgo ni para el usuario directo ni para el tercero; lo que existe es un cuerpo de investigación científica que presenta lo contrario, que es una alternativa para aquellas personas que no pueden o no quieren dejar de fumar.

Entonces, la pregunta difícil: ¿por qué prohibir el uso del cigarrillo electrónico si no presenta ni el más mínimo riesgo comparado a los cigarros de tabaco?

Los cigarrillos electrónicos tienen el potencial de ser un producto totalmente revolucionario y un agente disruptor en el mercado de tabaco convencional. Es quizás uno de los productos que tiene el potencial de reducir el consumo de cigarrillos de tabaco combustibles y ya, hoy por hoy, existen varios estudios que demuestran que son, en lo mínimo, igualmente de eficientes que productos médicos, como parches y chicles, que han tenido una aceptación en el mercado mucho más limitada (y, desde el punto de vista de reducción de consumo de tabaco, una eficiencia aún más limitada). las restricciones que buscan limitar a los cigarrillos electrónicos (o a los vaporizadores personales) y obligarlos a funcionar bajo el mismo modelo de regulación que los cigarros tradicionales sigue más política e ideología que ciencia.

Los cigarrillos Electrónicos No Producen Humo

Por ende, no deberían estar sometidos a las mismas restricciones que los cigarrillos tradicionales de tabaco. Las regulaciones "anti-tabaco" o "anti-fumado", como popularmente son conocidas, fueron creadas para proteger a terceros, a personas no fumadoras, del efecto del humo de segunda mano. Sin embargo, por el hecho de que los cigarrillos electrónicos no hacen combustión, no producen humo. En cambio, todo cigarrillo electrónico, sin importar su diseño fisico, levemente calienta (a entre 50 a 60 centígrados) un líquido para crear un vapor. Inclusive, el líquido, y el vapor producido, puede no contener nicotina. Varios estudios han examinado la composición del vapor emitido por cigarrillos electrónicos, y ninguno de los estudios recientes han encontrado una razón para creer que este vapor puede poner terceros, a no-usuarios, en una situación de riesgo.

El vapor, que no contiene productos secundarios de combustión por la naturaleza del cigarrillo electrónico ni cantidades dañinas de compuestos químicos, se disipa casi inmediatamente, y típicamente no queda un olor característico en el ambiente por un tiempo extendido. En muchos casos donde si se puede detectar un olor es inconfundible con el olor del humo de un cigarrillo de tabaco encendido, y al contrario de la reacción de la mayoría de personas hacia el olor característico del tabaco quemado, muchos describen el olor que deja el vapor del cigarrillo electrónico como placentero y agradable.

El Dr. Igor Burstyn, professor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Drexel, recientemente publicó un informe técnico que incluye más de 9,000 observaciones sobre la composición química del vapor y el líquido de recarga de cigarrillos electrónicos. Este informe técnico se hizo con la meta de determinar el riesgo potencial de los cigarrillos electrónicos en, tanto los usuarios de los dispositivos, como el riesgo de exposición a terceros. El informe concluyó que los usuarios de cigarrillos electrónicos están expuestos a niveles muy por debajo de la cantidad y toxicidad de los compuestos químicos presentes en el humo de cigarros de tabaco. Quizás más importante aún, el nivel de cantidad y toxicidad de las emisiones de cigarrillos electrónicos era tan ínfimo que no presentan un riesgo medible a terceros.

Las Regulaciones Tienen Consecuencias No Previstas

La prohibición del uso de cigarrillos electrónicos en lugares públicos puede, en vez de apalancar el potencial de ayudar a personas dejar de consumir tabaco combustible, más bien limitar esta transición y mantener más personas fumando cigarros de tabaco. En este sentido, los cigarrillos electrónicos tienen el potencial de apoyar aún más la "denormalización" del fumado.

Los cigarrillos electrónicos no "renormalizan" el fumado. Más bien, hacen todo lo contrario. Los cigarrillos electrónicos mandan un mensaje fuerte y claro, y más aún en las comunidades de fumadores, que fumar no es aceptable o normal para la sociedad. Normaliza una alternativa que es magnitudes menos riesgosa que fumar tabaco convencional y que no expone a terceros a un riesgo medible.

En el corazón del movimiento de cigarrillos electrónicos existe el concepto de la reducción de daño. Los cigarrillos electrónicos dan la opción a fumadores que no hubieran dejado de fumar por otros métodos a reemplazar su hábito con uno menos dañino, evidenciado por varios estudios científicos. Esta estrategia, de reducción de daño, está siendo aceptada a nivel mundial como una opción válida para combatir los problemas de salud asociados con el fumado.

Como notó el Colegio Real de Médicos del Reino Unido, un gran porcentaje de fumadores quizás nunca podrán dejar la nicotina por completo. Para éstas personas que sienten o no quieren dejar el uso de nicotina, alternativas libres de humo pueden ayudar a minimizar los riesgos de salud asociados con el humo de tabaco, ya que muchos de estos productos presentan órdenes de magnitud menos riesgosos. Algunos médicos y científicos estiman que las alternativas libres de humo presentan el 1% del riesgo comparado a cigarrillos de tabaco.

Regular a los cigarrillos electrónicos como productos de tabaco, en cambio, manda un mensaje de que son igualmente riesgosos que fumar tabaco convencional, una posición que no está apoyada en la ciencia. No hay evidencia de que los cigarrillos electrónicos funcionen como un puente al fumado, más bien, todo al contrario, fumadores lo están utilizando para alejarse del tabaco combustible y los riesgos de salud que conlleva su uso prolongado. No hay evidencia de que presente el mismo nivel de riesgo ni para el usuario directo ni para el tercero; lo que existe es un cuerpo de investigación científica que presenta lo contrario, que es una alternativa para aquellas personas que no pueden o no quieren dejar de fumar.

Entonces, la pregunta difícil: ¿por qué prohibir el uso del cigarrillo electrónico si no presenta ni el más mínimo riesgo comparado a los cigarros de tabaco?

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