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Después de varios meses de dudas y discusiones sin conclusión, finalmente para octubre, la CDC (Centers for Disease Control) ya acepta abiertamente que se ha encontrado Tetrahidrocanabinol (THC) en la mayoría de víctimas de la ola inédita de afecciones pulmonares peculiares (36 víctimas mortales y más de 1.600 enfermos) que se ha desarrollado en Estados Unidos por varias semanas.

Su advertencia llegó tarde y, durante un buen tiempo, la falta de claridad en su comunicación derivó en que, al advertir de peligros, muchos medios hicieran generalizaciones imprecisas que llevaron a agrupar a todos los productos de vapeo, o de cigarrillos electrónicos dentro de un mismo paquete.

Títulos imprecisos, el sentido de alarma extralimitada e información presentada a medias dejó de lado el hecho de son los productos del mercado negro los que están directamente asociados con la enfermedad que se ha propagado por Estados.

La peligrosa generalización también derivó en propuestas drásticas que afectarían la gigantesca industria de productos de vapeo, y no exactamente a al mercado ilícito. La primera respuesta del gobierno de Donald J. Trump, y de algunos estados como Michigan, New York y Washington fue censurar la venta de vaporizadores con saborizantes (los de menta y mentol fueron los primeros bajo la lupa). ¿Por qué ahora?, si los productos con sabores se han comercializado durante años y años sin que esto representara un problema.

En Estados Unidos, se sabe, hay cerca de 11 millones utilizando vaporizadores, mientras que el registro de casos de afección por enfermedades que se han ligado en esta coyuntura no alcanza los 2.000.

Las medidas prohibitivas fueron anunciadas inclusive antes de que se entendieran cuáles componentes químicos estaban afectando la salud de las víctimas. Además, se definió tomando en cuenta que, dentro de los análisis, la CDC no se han podido identificar vaporizadores de nicotina de venta legal asociados a los perjuicios en la salud. Una vez más, todo apunta a que hay una relación directa con productos de aceites de THC modificados o vendidos ilícitamente.

La inhalación de aceite de THC por medio de un dispositivo con resistencia y activado con batería es de práctica reciente y no lo hace un cigarrillo electrónico. Además, ha sido un producto que ha derivado en un fenómeno específico relacionado con el mercado negro.

Los hallazgos médicos han señalado que la patología de los pacientes estudiados por estos casos se asocia a afecciones causadas por componentes "misteriosos" (que todavía no se determinan cuáles son dentro de los cartuchos de THC). Siendo así, surge la pregunta de ¿cómo sería posible que el contenido de los vaporizadores legales —regulados por FDA— generen un efecto similar en la salud?

¿Prohibir la venta de dispositivos de vapeo y recargas con aromas diferentes del tabaco ayudará de algo en función de la crisis de salud?

Hay quienes no solo catalogan la medida como una locura sin sentido y aseguran que esto no evitará más casos de enfermedades, pero que, además, desincentiva peligrosamente el consumo de vaporizadores como sustituto del cigarrillo tradicional y podría devolver a algunos consumidores a ese producto.


La autoridad de salud de Inglaterra apoya el uso de cigarrillos electrónicos como una alternativa de reducción de daño para fumadores. ¿Este retorno a cigarrillos implica peligros? Sí. Tomando en cuenta la alta aceptación científica (incluyendo instituciones como Public Health England -PHE-) de que un vaporizador es 95% menos perjudicial que un cigarrillo de tabaco. (Tranquilidad, que en este tema profundizaremos próximamente.) Ante lo que ocurre en Estados Unidos, PHE ha dicho: “Nuestra recomendación sobre los cigarros electrónicos se mantiene inalterada, vapear no está libre de riesgos, pero es mucho menos prejudicial que fumar tabaco”.

Michelle Minton, un analista de políticas públicas en el Competitive Enterprise Institute asegura que las regulaciones pretendidas hasta ahora para sanear este problema, están mal enfocadas y podría traer las consecuencias opuestas a las esperadas:

“La razón por la que estas personas optan por el mercado ilícito es porque no pueden adquirir cannabis, o cigarrillos electrónicos si estos de prohiben, de forma legal. El mercado negro aumenta cuando los productos no están disponibles o hay una prohibición para el mercado legal. En lugar de mantenerlos alejados de las sustancias que podrían ponerlos en riesgo, las restricciones empujan a la gente al mercado ilícito, donde hay productos adulterados o defectuosos que pueden matarlos”.

En Estados Unidos el contexto ha sido utilizado para promover una restricción política general para los productos electrónicos que contienen nicotina. ¿Por qué no se toma en cuenta, de manera específica, cómo cambian las consideraciones entre los productos de vapeo regulares y aquellos que contienen THC y son modificaciones sin regulación?

Dentro de la discusión sobre el tema también están los ojos que ven a la CDC desinformando a la prensa al calificar a las víctimas como “vapeadores” o “consumidores de cigarrillos electrónicos” aprovechando la situación de alarma para satanizar (así que como se lee) los productos de vapeo, dejando de lado la advertencia del daño que puede provocar el vapeo de productos con THC. En contraste, la FDA sí ha sido clara en advertir por el consumo de THC de fuentes ilícitas.

Tomando esto en cuenta, una vez más, compartimos las recomendaciones de la FDA sobre estos casos:
 

  • No usar productos de vapeo que contengan THC
  • No usar productos de vapeo, especialmente aquellos con THC, obtenidos en la calle o por medios ilegales.
  • No modificar o adherir sustancias como THC u otros aceites a productos de vapeo

Después de varios meses de dudas y discusiones sin conclusión, finalmente para octubre, la CDC (Centers for Disease Control) ya acepta abiertamente que se ha encontrado Tetrahidrocanabinol (THC) en la mayoría de víctimas de la ola inédita de afecciones pulmonares peculiares (36 víctimas mortales y más de 1.600 enfermos) que se ha desarrollado en Estados Unidos por varias semanas.

Su advertencia llegó tarde y, durante un buen tiempo, la falta de claridad en su comunicación derivó en que, al advertir de peligros, muchos medios hicieran generalizaciones imprecisas que llevaron a agrupar a todos los productos de vapeo, o de cigarrillos electrónicos dentro de un mismo paquete.

Títulos imprecisos, el sentido de alarma extralimitada e información presentada a medias dejó de lado el hecho de son los productos del mercado negro los que están directamente asociados con la enfermedad que se ha propagado por Estados.

La peligrosa generalización también derivó en propuestas drásticas que afectarían la gigantesca industria de productos de vapeo, y no exactamente a al mercado ilícito. La primera respuesta del gobierno de Donald J. Trump, y de algunos estados como Michigan, New York y Washington fue censurar la venta de vaporizadores con saborizantes (los de menta y mentol fueron los primeros bajo la lupa). ¿Por qué ahora?, si los productos con sabores se han comercializado durante años y años sin que esto representara un problema.

En Estados Unidos, se sabe, hay cerca de 11 millones utilizando vaporizadores, mientras que el registro de casos de afección por enfermedades que se han ligado en esta coyuntura no alcanza los 2.000.

Las medidas prohibitivas fueron anunciadas inclusive antes de que se entendieran cuáles componentes químicos estaban afectando la salud de las víctimas. Además, se definió tomando en cuenta que, dentro de los análisis, la CDC no se han podido identificar vaporizadores de nicotina de venta legal asociados a los perjuicios en la salud. Una vez más, todo apunta a que hay una relación directa con productos de aceites de THC modificados o vendidos ilícitamente.

La inhalación de aceite de THC por medio de un dispositivo con resistencia y activado con batería es de práctica reciente y no lo hace un cigarrillo electrónico. Además, ha sido un producto que ha derivado en un fenómeno específico relacionado con el mercado negro.

Los hallazgos médicos han señalado que la patología de los pacientes estudiados por estos casos se asocia a afecciones causadas por componentes "misteriosos" (que todavía no se determinan cuáles son dentro de los cartuchos de THC). Siendo así, surge la pregunta de ¿cómo sería posible que el contenido de los vaporizadores legales —regulados por FDA— generen un efecto similar en la salud?

¿Prohibir la venta de dispositivos de vapeo y recargas con aromas diferentes del tabaco ayudará de algo en función de la crisis de salud?

Hay quienes no solo catalogan la medida como una locura sin sentido y aseguran que esto no evitará más casos de enfermedades, pero que, además, desincentiva peligrosamente el consumo de vaporizadores como sustituto del cigarrillo tradicional y podría devolver a algunos consumidores a ese producto.


La autoridad de salud de Inglaterra apoya el uso de cigarrillos electrónicos como una alternativa de reducción de daño para fumadores. ¿Este retorno a cigarrillos implica peligros? Sí. Tomando en cuenta la alta aceptación científica (incluyendo instituciones como Public Health England -PHE-) de que un vaporizador es 95% menos perjudicial que un cigarrillo de tabaco. (Tranquilidad, que en este tema profundizaremos próximamente.) Ante lo que ocurre en Estados Unidos, PHE ha dicho: “Nuestra recomendación sobre los cigarros electrónicos se mantiene inalterada, vapear no está libre de riesgos, pero es mucho menos prejudicial que fumar tabaco”.

Michelle Minton, un analista de políticas públicas en el Competitive Enterprise Institute asegura que las regulaciones pretendidas hasta ahora para sanear este problema, están mal enfocadas y podría traer las consecuencias opuestas a las esperadas:

“La razón por la que estas personas optan por el mercado ilícito es porque no pueden adquirir cannabis, o cigarrillos electrónicos si estos de prohiben, de forma legal. El mercado negro aumenta cuando los productos no están disponibles o hay una prohibición para el mercado legal. En lugar de mantenerlos alejados de las sustancias que podrían ponerlos en riesgo, las restricciones empujan a la gente al mercado ilícito, donde hay productos adulterados o defectuosos que pueden matarlos”.

En Estados Unidos el contexto ha sido utilizado para promover una restricción política general para los productos electrónicos que contienen nicotina. ¿Por qué no se toma en cuenta, de manera específica, cómo cambian las consideraciones entre los productos de vapeo regulares y aquellos que contienen THC y son modificaciones sin regulación?

Dentro de la discusión sobre el tema también están los ojos que ven a la CDC desinformando a la prensa al calificar a las víctimas como “vapeadores” o “consumidores de cigarrillos electrónicos” aprovechando la situación de alarma para satanizar (así que como se lee) los productos de vapeo, dejando de lado la advertencia del daño que puede provocar el vapeo de productos con THC. En contraste, la FDA sí ha sido clara en advertir por el consumo de THC de fuentes ilícitas.

Tomando esto en cuenta, una vez más, compartimos las recomendaciones de la FDA sobre estos casos:
 

  • No usar productos de vapeo que contengan THC
  • No usar productos de vapeo, especialmente aquellos con THC, obtenidos en la calle o por medios ilegales.
  • No modificar o adherir sustancias como THC u otros aceites a productos de vapeo

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